- ¿Cómo te encuentras? – me pregunta.
- Bien, algo aburrida.
- ¿No te gusta la fiesta?
- Sinceramente, no.
- A mí tampoco, demasiada gente... ¿Dónde ibas?
- A proa, a tomar un poco de aire.
- Te acompaño
Para ir hasta allí, había que atravesar casi por el medio de donde estaban bailando, él iba delante abriendo paso, entre la gente se encontraban mis amigas Eva, Olga y Carla, las cuales me cogieron para que bailara, yo no quería, lo perdería entre tanto barullo, intente soltarme pero me era imposible, no me dejaban, él se había quedado parado en un rincón, esperándome.
Imagino que se dio cuenta de que quería salir de allí, porque empezó a caminar hacia mí y cuando estaba cerca me extendió su mano y ante las miradas de sorpresa de mis amigas, la dí la mía y me marché.
Al fin llegamos.
- Gracias – le dije.
- Ha sido un placer, te vi. algo apuradilla.
- La verdad es que si, luego me disculparé con ellas.
- ¿No te gusta bailar?
- Me encanta, pero está demasiado cargado… Y a ti, ¿te gusta?
- Bueno… me defiendo – me respondió, guiñándome un ojo.
Ese gesto hizo que me estremeciera, me apoyé en la barandilla y él se dio cuenta.
Acercándose a mí. me dijo:
- ¿Tienes frío?
- No…
- Se ha levantado un poco de rasca, deja que te ponga mi chaqueta.
Me la puso sobre los hombros y sentí sus manos en mi nuca tocándome el pelo y sacándolo fuera de la chaqueta, de nuevo volví a estremecerme, parecía boba, me separé un poco de él y comencé a caminar, me giré y lo miré, estaba encendiéndose un cigarrillo, embelesada me quede mirando parte de su torso que quedaba al descubierto, al tener la camisa dos botones desabrochados.
Era el hombre más sensual y atractivo que jamás había visto, levanté mis ojos hacia los suyos y me di cuenta de que me estaba mirando, avergonzada retiré la mirada y la fijé en el mar.
Tenía calor, mucha, no sé si era provocada por la visión, porque él me pillara mirándole o por ambas cosas.
Absorta en mis pensamientos, no me di cuenta que de fondo sonaba una canción de Kenny G, hasta que no sentí una respiración detrás de mí, que hizo que me volviera, estaba mirándome, sentí sus manos en mi cintura, acercándome a él, alce mis brazos y rodee su cuello.
Me dejé llevar por la música y por la magia que en ese momento nos envolvía, sentía su mano derecha en mi cintura y la izquierda en mi espalda, apoyé la cabeza en su pecho y comenzamos a bailar…más bien a flotar porque así es cómo me sentía.
La música cesó, pero seguíamos abrazados, sentí como sus labios acariciaban mi frente e iban bajando hacia mis ojos besándolos, moví mi cabeza hacia arriba, mis ojos miraban los suyos, sus labios, se acercaban a los míos, casi rozándolos…
- Niña, ¿dónde te metes? – dijo Eva, rompiendo el momento.
La fulminé con la mirada.
- Lo siento – dijo y se marchó.

(Continuará)